Historia

La historia de España es extraordinaria y muy densa, pues podríamos estar hablando de un proceso de 1,2 millones de años desde el primer poblado de homínidos que se ha encontrado en la península. Sin embargo, es mejor centrarse en las primeras poblaciones de humanos modernos, en cuyo caso tendremos que remontarnos 35.000 años e ir a las cuevas de Altamira para ver los primeros restos del hombre de Cromañón.

Pasando a pueblos más o menos civilizados, los dos principales pueblos históricos de la Península Ibérica fueron los íberos, un pueblo que habitó la vertiente mediterránea de la península del noreste al sureste, y los celtas, un pueblo del norte, que habitaron la costa atlántica, en la parte central del norte, noroeste y suroeste de la península. Además, los vascos, en número muy inferior, ocuparon la zona occidental de la cordillera de los Pirineos y las zonas adyacentes.

Entre los años 800 y 300 a.C., navegantes fenicios y griegos establecieron colonias comerciales a lo largo de la costa mediterránea. Por un breve tiempo, los cartagineses mantuvieron control sobre gran parte de la vertiente mediterránea de la península, hasta que fueron derrotados por los romanos en las guerras púnicas.

Durante la época romana, Hispania fue el territorio que esencialmente hoy conocemos como España, territorio que tardó en conquistar unos dos siglos y sobre el que mantuvo el control durante otros seis siglos hasta la caída del Imperio Romano. Hispania se convirtió en un importante depósito del mercado romano y una de las regiones más importantes del Imperio. Fue durante la época del imperio romano, que Hispania experimentó un importante cambio cultural, que terminaría dejando una impresión permanente. Las culturas y las lenguas de los pueblos ibéricos y celtas se latinizaron poco a poco bajo el dominio romano. El cristianismo fue introducido en el siglo I d.C. y a finales del siglo segundo ya se había extendido por todo el territorio.

En el siglo V d.C. comenzó a gobernar el pueblo visigodo, generando que la sociedad y la economía de la región se simplificaron en gran manera, pero incluso después de estos cambios, los regímenes sucesores mantuvieron muchas de las instituciones y leyes del Bajo Imperio, incluyendo el cristianismo.

En el siglo VIII d.C. gran parte de la Península Ibérica fue conquistada por los musulmanes procedentes del norte de África. El territorio conquistado fue conocido como Al-Andalus, una expansión del Califato Meya, y Córdoba fue la capital del mismo, la ciudad más grande, próspera y sofisticada de la Europa occidental. En ella floreció el comercio del Mediterráneo, al igual que el intercambio cultural, con sabios musulmanes y judíos que trabajaban juntos para desempeñar un papel crucial en la reactivación del aprendizaje clásico griego en la Europa occidental.

La Reconquista se conoce como el período de la historia de España durante el cual los cristianos de la Península Ibérica lucharon contra el poder musulmán para recuperar y ampliaron sus respectivos reinos. Aunque Al-Andalus fue mayormente restaurado en el siglo XI después de haberse visto dividido en los reinos de taifas, con la toma de Toledo hacia finales de ese siglo (1085) se observó un cambio en el poder en favor de los reinos cristianos. El final del dominio musulmán en España comenzó con la unión en matrimonio de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón que sucedió en 1469 al unir sus dos reinos. En 1478 conquistaron las Islas Canarias, y en 1492, las fuerzas combinadas de Castilla y Aragón trabajaron al unísono para capturar el Emirato de Granada.

No hay que olvidar que 1492 fue también el año en que Cristóbal Colón descubrió el Nuevo Mundo, un viaje financiado en exclusiva por la reina Isabel. Esto llevaría más adelante a una gran expansión colonial en las nuevas tierras en América. España se convirtió en la primera potencia mundial.

España se convirtió en el principal poder de Europa durante el siglo XVI y gran parte del siglo XVII, una posición respaldada por la riqueza y el comercio de sus posesiones coloniales. El imperio alcanzó su punto culminante durante los reinados de los dos primeros reyes españoles de la casa de Austrias, Carlos I (1516-1556) y Felipe II (1556-1598). Esta época de los primeros Habsburgo vivió las guerras de Italia, la rebelión holandesa, y la rebelión morisca, junto con la revuelta de los comuneros, los enfrentamientos con los otomanos, la Guerra anglo-española y las guerras con Francia.

Hacia finales del siglo XVII, una España ya debilitada por las guerras inició un declive gradual; rindió sus territorios en Francia y en los Países Bajos y perdió la región ahora conocida como Portugal. El país, sin embargo, conservaba su enorme imperio en el extranjero, que conseguiría retener hasta principios del siglo XIX. A principios del siglo XVIII, una polémica sobre la sucesión al trono provocó la Guerra de Sucesión Española, lo que costó a España sus territorios europeos y su título de primera potencia mundial.

En 1807, el rey español Carlos IV firmó en secreto el Tratado de Fontainebleau con el gobernante francés Napoleón Bonaparte, un tratado en el que se acordó que Portugal y todos los dominios portugueses fueran divididos entre los dos firmantes. Con esto, Napoleón se quería asegurar el bloqueo continental que había impuesto a Gran Bretaña en 1806 por la captura de los puertos portugueses. La presencia de tropas francesas provocó la irritación de los españoles, lo que acabó resultando en el Motín de Aranjuez y en marzo de 1808 la abdicación de Carlos IV de España en favor de su hijo Fernando VII. Napoleón había acumulado cerca de 100.000 tropas en España en ese momento, y Carlos IV esperaba que el gobernante francés le ayudara a recuperar el trono. Sin embargo, no sólo Napoleón se negó a ayudarle, sino que también se negó a reconocer a su hijo, Fernando como rey, y en su lugar presionó a los monarcas españoles para que le cedieran el trono en el que instaló a su hermano mayor como Rey José. Las tropas francesas fueron finalmente derrocado en 1814 y el rey Fernando VII fue instalado como el nuevo rey.

Desde 1923 a 1931, el país quedó bajo el gobierno autoritario del general Miguel Primo de Rivera, un período que concluyó con el establecimiento de la Segunda República Española. Entre otras medidas, el liderazgo de la nueva República ofreció la autonomía política para el País Vasco, Galicia y Cataluña, y les dio derecho al voto a las mujeres. La Guerra Civil española entre las fuerzas republicanas y las fuerzas nacionalistas rebeldes arrasó el país desde 1936 a 1939 y se cobró la vida de unas 500.000 personas. Otro medio millón de personas abandonaron el país, y la mayoría acabó en América del Sur. Las fuerzas nacionalistas respaldadas por la Alemania nazi y la Italia fascista fueron finalmente victoriosas y el General Francisco Franco fue instalado como el nuevo gobernante de España.

Franco gobernó el país de manera autoritaria desde el final de la guerra hasta su muerte en 1975, momento en el que Juan Carlos I le sucedió como Rey de España y Jefe de Estado. Tres años después, el país aprobó una nueva Constitución española, lo que restauró la democracia. Fue en este momento que el país comenzó a delegar gran parte de la autoridad nacional a las regiones y se dividió el territorio nacional en comunidades autónomas.

  • Facebook